La tasa emprendedora en España aumenta un 35% en el último año, lo que supone que se han puesto en marcha más de 300.000 iniciativas



Según los datos del último Global Entrepeneurship Monitor de 2011 (G.E.M. 2011), publicado el mes de febrero, la tasa de actividad emprendedora, de entre 0 y 3,5 años en el mercado, sobre la población mayor de 18 años ha subido un 35%, pasando de un 4,3% en 2010 a un 5,8% en el pasado año. Este crecimiento del emprendimiento en nuestro país puede venir explicado por la situación de desempleo actual en la que se encuentra una elevada parte de nuestra población, lo que les impone la necesidad de acudir al autoempleo como una de las fórmulas viables de solución a su problema. Por ello, de cara al futuro, uno de los retos debe de ser el de promover un emprendimiento de calidad y no de supervivencia, que potencie una clara mejora de la competencia española en el mercado internacional.
Si se desglosa el dato de 2011, de la tasa emprendedora global, el 56,9% de la misma es de nueva planta, frente al 43,1% de actividad que se encuentra en fase de consolidación, siendo especialmente importante la primera, aunque de menor impacto económico que la segunda.
Entre las principales motivaciones que impulsan a los españoles a emprender destacan  el obtener una mayor independencia (38,7%), mejorar los ingresos (33,3%) o el derivarse de la necesidad ante la falta de alternativas laborales (25,9%). La motivación se relaciona con la calidad del emprendimiento de modo tal que los negocios derivados de la identificación y aprovechamiento de una oportunidad pueden responder, al menos en un mayor porcentaje que los creados por la mera necesidad, a criterios de innovación y competitividad.
Respecto al inversor privado tipo, durante el año pasado, destaca el aumento de su edad media en casi dos años, lo que implica una confirmación de la tendencia de 2010 de desaparición de personas jóvenes de los circuitos de la financiación informal; disminuye ligeramente el bloque de inversores que poseen estudios superiores; disminuye la presencia de inversores que son empresarios consolidados; desciende en 8 puntos porcentuales la proporción de inversores que percibe buenas oportunidades para realizar negocios a corto plazo y cae en 9 puntos porcentuales el número de inversores que posee conocimientos para emprender.
El capital riesgo también ha sufrido los efectos de la situación de crisis y su actividad inversora, durante los nueve primeros meses de 2011, ha experimentado un descenso de un 24% respecto al mismo periodo de 2010.


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